miércoles, 22 de octubre de 2008

Rifles de palo


Va creciendo el número de personas que me manifiestan su molestia —por decir lo menos— por la cancelación anticipada del desfile del 20 de noviembre, además de aquellos que no me han dicho nada, pero ya expresaron al menos su extrañeza.
Contando a Gabriel Flores, al maestro Ariel Pérez, a la ciberlectora Adriana y su servilleta, ya somos cuatro los que estamos nostálgicos, melancólicos, extrañados, molestos, enfadados, irritados —y todos los sinónimos disponibles— por esta decisión que nos deja sin desfile revolucionario.
Así que creo que podemos estar ya en posibilidades de crear una agrupación estatal o nacional —o algo semejante— que como mascarada proteste por la cancelación del desfile, pero en el fondo persiga aviesos fines políticos o comerciales. Que es lo que hacen muchas organizaciones que protestan a la menor oportunidad y luego hacen negociaciones inconfesables.
A mí lo que me duele es que la Revolución es por mucho la etapa que más me gusta de la historia de México. Por muchas razones, incluyendo el hecho de que mi bisabuelo materno Pedro Monroy luchó en el lado revolucionario con el grado de capitán… y que mi bisabuelo paterno, Adelaido Cardoso, era del bando opuesto, pues su familia gobernó en diversos periodos entre 1876 y 1926 —aunque por los años está visto que se pasó al bando ganador—.
Además, la literatura revolucionaria —lo digo cada vez que puedo— me parece formidable: lo mismo la visión del revolucionario de a pie, como en Los de Abajo, que del revolucionario que se encumbra, como en Mi General, o de quienes permanecieron al margen, poniendo a salvo sus privilegios, como en Los Caciques, y los retratos revolucionarios de las distintas regiones del país, como en Se llevaron el cañon para Bachimba, Frontera junto al mar o Apuntes de un lugareño.
Desde luego, comparto la nostalgia por las tablas gimnásticas y las rodillas peladas de las pirámides, el desfile —y el repicar de campanas de mi pueblo—, las bastoneras —¡cómo olvidarlas!—, los bigotes postizos y los rifles de palo…

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