
Me extrañé a mí mismo ayer —porque dudo mucho que alguien lea estas disertaciones monologales—. Es que estuve con síntomas de gripe o resfriado común y me dolía todo: las coyunturas, la cabeza, los músculos, los dedos de las patas... y anduve con un sueño que parecían dos, cosa que me sirvió de pretexto para evadir la entrega diaria del blog.
Sin embargo, me repuse a mí mismo e hice todas mis actividades normales —incluyendo las de padre desnaturalizado en vacaciones infantiles—. Por eso pude enterarme de que La Familia de Michoacán atacó de nuevo y se llevó entre las patas al menos a tres sujetos en el antes tranquilo y lozano municipio de Tlalnepantla. Los sicarios dejaron un mensaje que, según las malas lenguas, amenaza a funcionarios de la Procuraduría mexiquense.
En medio de febriles pensamientos —por aquello de la fiebre producto de la gripe— pensé en declarar que debe haber mayor coordinación policiaca. Pero me ganaron muchos funcionarios, comenzando por el gobernador Peña. Como la calentura no cesa, en mi enfebrilecida imaginación hasta estoy pensando ser consejero electoral del IEEM. Pero eso mejor lo publicaré en Portal.