¿Es usted religioso?
En estos tiempos de crisis a veces no queda otra alternativa que implorar la ayuda divina. Sea cual sea la divinidad de su elección: Yahve, Shiva, Kali, Jesucristo, Buda, Huitzilopochtli, Brahma, Alah, Jehová, Zoroastro, Zéus, Elohim, Ngai, Teotecuhtli o la que corresponda. Todas respetabilísimas —no me vayan a salir con una maldición quienes son profundamente religiosos—.
Sea de cara a La Meca, en la Basílica de Guadalupe, en la sinagoga de su elección o en el Teotihuacán iluminado de colores, muchos voltean en estos días a la religión para ver si se les hace el milagro. Ya no digamos de sacarse la lotería, el melate o pegarle a los pronósticos deportivos, sino de conservar el trabajo.
O la plegaria que corresponda.
Pues bien, a todos aquellos que practican lo de a Dios rogando y con el mazo dando, déjenme darles la noticia de que investigadores del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos de EU han logrado ver, gracias a las técnicas de imagen cerebral, dónde se localizan las creencias religiosas y cómo entran en funcionamiento.
Los investigadores analizaron tres componentes de las creencias religiosas: cómo se percibe la implicación de Dios con el mundo, la emoción provocada por la fe y las propias experiencias religiosas.
El estudio, realizado mediante resonancia magnética y a través de diversos cuestionarios, midió la función cerebral de los participantes ante afirmaciones del tipo “Dios guiará mis actos”, “Dios está siempre presente” o “Nos castigará o recompensará al final de la vida”, entre otras.
De este modo, descubrieron que las áreas cerebrales que se activaban al escuchar cuestiones de religión se situaban en el lóbulo temporal —qué quién sabe dónde se encuentra, pero que desempeña una función en el reconocimiento de las caras y en el lenguaje— y el lóbulo frontal —este supongo que ubicado en la mera frente, y que está implicado en la memoria y el juicio—.
Dicho de otro modo: la idea de Dios está entre el lóbulo temporal y el lóbulo frontal de nuestra masa encefálica. En el caso de los que la tenemos, excepción hecha de los que le van al América —no sé si notan la ironía—.
En embargo, el estudio descubrió que las regiones concretas que se activan en los tales lóbulos difieren si el individuo ama a Dios o si, por el contrario, siente ira hacia él. Igual que cuando uno tiene simpatía por alguien —por el débil, por ejemplo— o cuando una persona le cae a uno peor que una patada de mula.
O como cuando uno piensa en que con la crisis todo se está yendo al carajo. Y uno quisiera que cayera un rayo y achicharrara a los que causaron la crisis. O no hacen nada para remediarla.
miércoles, 11 de marzo de 2009
martes, 10 de marzo de 2009
Sorprenden
El narco sorprende.
Y no me refiero a la violencia con la que actúa todos los días.
Me refiero a la forma en la que intenta el trasiego de las drogas para eludir a las autoridades.
1. Hace unas semanas, en el puerto de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, apareció en un contenedor una camioneta —por cierto con matrícula del estado de México— cuyo aspecto era inocente. Pero uno de esos perros entrenados para detectar drogas la señaló: llevaba drogas.
Los policías la revisaron a conciencia pero no encontraron ni un doble fondo ni un paquete ni nada que resultara sospechoso. Parecía normal. Pero el can insistía en la presencia de drogas. Así que se procedió a desarmar la camioneta. Ahí se confirmó que el perro tenía razón: varias partes de la camioneta, como salpicaderas y molduras estaban hechas con cocaína combinada con fibra de vidrio.
La narcocamioneta procedía de Colombia —llegando a México y tras el minucioso escrutinio, nadie la reclamó—.
2. En el aeropuerto de Barcelona, un viajero chileno fue detenido la semana pasada.
En su maleta había latas de cerveza y algunos cilindros de aluminio repletos de drogas. Pero eso no es lo sorprendente, pues todos los días en los aeropuertos del mundo son detenidas personas que intentan traficar con drogas en el interior de sus maletas.
Lo extraordinario es que este chileno —por cierto, de 65 años— iba enyesado. Tenía una fractura de tibia y peroné. Pero el yeso estaba compuesto básicamente de cocaína. Seguramente con la idea de que por razones humanitarias lo dejarían pasar los controles aduaneros prácticamente sin revisión y la droga llegaría sin problemas al mercado europeo.
3. El narco sorprende. Elude a las autoridades por muchos medios. Aunque tampoco es algo novedoso, porque ya hace muchas décadas se cantaba la historia de la banda del carro rojo, la que llevaba “las llantas repletas de yerba mala”.
Sólo pareciera que las autoridades se han quedado rezagadas.
Engañándose a sí mismas.
Como las que dicen que el estado de México es solamente “territorio de paso” de los cárteles de la droga.
Cuando un “territorio de paso” no explica ni la matanza de Ocoyoacac ni los enfrentamiento en Huixquilucan ni los judiciales ejecutados de Tejupilco ni las ejecuciones que todas las semanas ocurren en la entidad.
El narco sorprende. Pero las autoridades también.
Y no me refiero a la violencia con la que actúa todos los días.
Me refiero a la forma en la que intenta el trasiego de las drogas para eludir a las autoridades.
1. Hace unas semanas, en el puerto de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, apareció en un contenedor una camioneta —por cierto con matrícula del estado de México— cuyo aspecto era inocente. Pero uno de esos perros entrenados para detectar drogas la señaló: llevaba drogas.
Los policías la revisaron a conciencia pero no encontraron ni un doble fondo ni un paquete ni nada que resultara sospechoso. Parecía normal. Pero el can insistía en la presencia de drogas. Así que se procedió a desarmar la camioneta. Ahí se confirmó que el perro tenía razón: varias partes de la camioneta, como salpicaderas y molduras estaban hechas con cocaína combinada con fibra de vidrio.
La narcocamioneta procedía de Colombia —llegando a México y tras el minucioso escrutinio, nadie la reclamó—.
2. En el aeropuerto de Barcelona, un viajero chileno fue detenido la semana pasada.
En su maleta había latas de cerveza y algunos cilindros de aluminio repletos de drogas. Pero eso no es lo sorprendente, pues todos los días en los aeropuertos del mundo son detenidas personas que intentan traficar con drogas en el interior de sus maletas.
Lo extraordinario es que este chileno —por cierto, de 65 años— iba enyesado. Tenía una fractura de tibia y peroné. Pero el yeso estaba compuesto básicamente de cocaína. Seguramente con la idea de que por razones humanitarias lo dejarían pasar los controles aduaneros prácticamente sin revisión y la droga llegaría sin problemas al mercado europeo.
3. El narco sorprende. Elude a las autoridades por muchos medios. Aunque tampoco es algo novedoso, porque ya hace muchas décadas se cantaba la historia de la banda del carro rojo, la que llevaba “las llantas repletas de yerba mala”.
Sólo pareciera que las autoridades se han quedado rezagadas.
Engañándose a sí mismas.
Como las que dicen que el estado de México es solamente “territorio de paso” de los cárteles de la droga.
Cuando un “territorio de paso” no explica ni la matanza de Ocoyoacac ni los enfrentamiento en Huixquilucan ni los judiciales ejecutados de Tejupilco ni las ejecuciones que todas las semanas ocurren en la entidad.
El narco sorprende. Pero las autoridades también.
lunes, 9 de marzo de 2009
Pena de muerte
En México seguimos debatiendo la pena de muerte.
El debate sobre todo aparece en tiempos electorales. Cuando los partidos y los políticos tienen que ofrecer algo a los electores en materia de seguridad pública.
Como ahora, que la criminalidad y la violencia están creciendo —y algunos creen que hasta fuera de control— y tenemos encima un proceso electoral.
De hecho, desde hace meses el Partido Verde Ecologista de México ha propuesto la pena de muerte para secuestradores. Paradójicamente, puesto que se trata de un partido verde, además de haberle costado el desconocimiento de la federación de partidos verdes de Europa.
Pero no será el único caso.
Las campañas electorales comenzarán en mayo próximo. Dado que una de las grandes demandas sociales es la seguridad, es muy probable que algún político o partido enarbole nuevamente la pena de muerte.
Aunque nunca llegue a convertirse en un proceso legislativo serio. Aunque la pena de muerte no resuelva por sí misma la criminalidad ni aquí ni en China.
En Estados Unidos, por ejemplo, la pena de muerte sigue vigente en varios estados y no ha logrado que la delincuencia desaparezca.
Por el contrario, en otras naciones se ha tomado la decisión de eliminar la pena de muerte en cualquier supuesto.
La más reciente ha sido Italia, donde se ratificó el decimotercer Protocolo de la Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, que abole la pena de muerte en cualquier circunstancia. Se trata de la nación europea número 41 que ha tomado esta decisión que consolida al viejo continente como zona libre de pena de muerte.
México, en los hechos, ha abolido la pena de muerte. Persiste en la legislación pero hace más de una década que no se aplica.
De hecho, lo paradójico del asunto es que cada vez que un mexicano es condenado a la pena de muerte en Estados Unidos, defensores de los derechos humanos y funcionarios cuestionan el hecho.
Pero sin que se tomen medidas en la legislación mexicana.
A veces hasta pareciera que eso no ocurre porque en los procesos electorales —y en el que sigue y el que vendrá— los partidos y los políticos necesitan banderas como la pena de muerte, para intentar convencer a una sociedad de que están preocupados por su seguridad y tan indignados con la incidencia delictiva y la violencia como el que más.
El debate sobre todo aparece en tiempos electorales. Cuando los partidos y los políticos tienen que ofrecer algo a los electores en materia de seguridad pública.
Como ahora, que la criminalidad y la violencia están creciendo —y algunos creen que hasta fuera de control— y tenemos encima un proceso electoral.
De hecho, desde hace meses el Partido Verde Ecologista de México ha propuesto la pena de muerte para secuestradores. Paradójicamente, puesto que se trata de un partido verde, además de haberle costado el desconocimiento de la federación de partidos verdes de Europa.
Pero no será el único caso.
Las campañas electorales comenzarán en mayo próximo. Dado que una de las grandes demandas sociales es la seguridad, es muy probable que algún político o partido enarbole nuevamente la pena de muerte.
Aunque nunca llegue a convertirse en un proceso legislativo serio. Aunque la pena de muerte no resuelva por sí misma la criminalidad ni aquí ni en China.
En Estados Unidos, por ejemplo, la pena de muerte sigue vigente en varios estados y no ha logrado que la delincuencia desaparezca.
Por el contrario, en otras naciones se ha tomado la decisión de eliminar la pena de muerte en cualquier supuesto.
La más reciente ha sido Italia, donde se ratificó el decimotercer Protocolo de la Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales, que abole la pena de muerte en cualquier circunstancia. Se trata de la nación europea número 41 que ha tomado esta decisión que consolida al viejo continente como zona libre de pena de muerte.
México, en los hechos, ha abolido la pena de muerte. Persiste en la legislación pero hace más de una década que no se aplica.
De hecho, lo paradójico del asunto es que cada vez que un mexicano es condenado a la pena de muerte en Estados Unidos, defensores de los derechos humanos y funcionarios cuestionan el hecho.
Pero sin que se tomen medidas en la legislación mexicana.
A veces hasta pareciera que eso no ocurre porque en los procesos electorales —y en el que sigue y el que vendrá— los partidos y los políticos necesitan banderas como la pena de muerte, para intentar convencer a una sociedad de que están preocupados por su seguridad y tan indignados con la incidencia delictiva y la violencia como el que más.
jueves, 5 de marzo de 2009
El mejor candidato para el puesto
Aunque me presenté —según yo— como el mejor candidato para el puesto, me tocó bailar con la más fea.
No resulté seleccionado como uno de los finalistas… No me tocó hueso.
No me malinterpreten, no hablo de las candidaturas de los partidos políticos, sino del mejor trabajo del mundo. Ese que ofrecen en la isla de Queensland, allá por donde da vuelta el viento. Es decir, en Australia —en esta parte, hagan favor de ofenderse los australianos—.
Nos presentamos —nótese el falso plural— 34 mil fulanos con el respectivo currículum vitae, el video y los demás requisitos que pedían los organizadores del concurso. Todas las nacionalidades y profesiones posibles se dieron cita en un concurso que promete una vida a cuerpo de rey durante medio año.
Pero esta semana los organizadores llegaron con la escoba y sólo dejaron a 50 concursantes.
Que serán 11 en la siguiente eliminatoria.
Los 50 primeros agraciados proceden de una veintena de países. Son los candidatos para vivir en la paradisíaca isla de Queensland en un trabajo que consiste fundamentalmente en ser turista: pasear, bucear y tomar el sol, además de hablar de lo bonito que es llevar este tipo de vida. A cambio de un sueldo tasado en unos 100 mil dólares. Millón y medio de pesos según el tipo de cambio de la tarde de ayer.
Las obligaciones del ganador serán nadar, navegar, tomar el sol, pasear... y contarlo todo en internet, mediante un blog que hable de lo difícil que es llevar una vida de holgazán profesional.
De los 50 primeros seleccionados, Quedarán 11 que participarán en la final. Viajarán a la isla para someterse a entrevistas del 3 de mayo al 6 de mayo, cuando se anunciará el ganador.
En un proceso que seguramente será más fácil que obtener una candidatura priista a regidor en Papalotla.
La lista de candidatos por países la encabezaron Estados Unidos, con 11 mil 565; Gran Bretaña, con dos mil 262, y Australia, aunque sólo se anotaron dos mil 64 personas. De los latinoamericanos, hubo 332 brasileños, 95 chilenos, 87 argentinos, 61 colombianos, 41 ecuatorianos y cuatro bolivianos.
Según parece, no hubo ni un mexicano entrón.
Es posible que la mayoría estemos dedicados en cuerpo y alma a cuidar nuestras chambas vigentes. O que en lugar de buscar trabajo en la isla de Hamilton, en el estado australiano de Queensland, todos anden en pos de una candidatura a regidor, síndico, presidente municipal… o simplemente de matraquero de campaña.
No resulté seleccionado como uno de los finalistas… No me tocó hueso.
No me malinterpreten, no hablo de las candidaturas de los partidos políticos, sino del mejor trabajo del mundo. Ese que ofrecen en la isla de Queensland, allá por donde da vuelta el viento. Es decir, en Australia —en esta parte, hagan favor de ofenderse los australianos—.
Nos presentamos —nótese el falso plural— 34 mil fulanos con el respectivo currículum vitae, el video y los demás requisitos que pedían los organizadores del concurso. Todas las nacionalidades y profesiones posibles se dieron cita en un concurso que promete una vida a cuerpo de rey durante medio año.
Pero esta semana los organizadores llegaron con la escoba y sólo dejaron a 50 concursantes.
Que serán 11 en la siguiente eliminatoria.
Los 50 primeros agraciados proceden de una veintena de países. Son los candidatos para vivir en la paradisíaca isla de Queensland en un trabajo que consiste fundamentalmente en ser turista: pasear, bucear y tomar el sol, además de hablar de lo bonito que es llevar este tipo de vida. A cambio de un sueldo tasado en unos 100 mil dólares. Millón y medio de pesos según el tipo de cambio de la tarde de ayer.
Las obligaciones del ganador serán nadar, navegar, tomar el sol, pasear... y contarlo todo en internet, mediante un blog que hable de lo difícil que es llevar una vida de holgazán profesional.
De los 50 primeros seleccionados, Quedarán 11 que participarán en la final. Viajarán a la isla para someterse a entrevistas del 3 de mayo al 6 de mayo, cuando se anunciará el ganador.
En un proceso que seguramente será más fácil que obtener una candidatura priista a regidor en Papalotla.
La lista de candidatos por países la encabezaron Estados Unidos, con 11 mil 565; Gran Bretaña, con dos mil 262, y Australia, aunque sólo se anotaron dos mil 64 personas. De los latinoamericanos, hubo 332 brasileños, 95 chilenos, 87 argentinos, 61 colombianos, 41 ecuatorianos y cuatro bolivianos.
Según parece, no hubo ni un mexicano entrón.
Es posible que la mayoría estemos dedicados en cuerpo y alma a cuidar nuestras chambas vigentes. O que en lugar de buscar trabajo en la isla de Hamilton, en el estado australiano de Queensland, todos anden en pos de una candidatura a regidor, síndico, presidente municipal… o simplemente de matraquero de campaña.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Necesaria aclaración
Tras haber recibido toda clase de expresiones sobre mi punto de vista personal sobre el tema de los perros de Jaltenco, creo necesario hacer algunas precisiones:
1. En ninguna línea he celebrado la muerte de los citados perros —reto a que me digan dónde—. La he minimizado, sí y eso es por qué:
2.Pienso que la vida de seres humanos que han muerto, asesinados, ejecutados, violentados, masacrados, como producto de la violencia que vivimos en la sociedad, debería preocuparnos tanto o más que las de los perros.
Ese es mi punto: ¿por qué no nos preocupamos más por nuestros semejantes? Ese es mi tema: me parece más preocupante la violencia ejercida por un grupo de adultos contra un par de niños en Tlalpan. Como me preocupa el asesinato de niños en Macuspana, Tabasco. O los albañiles masacrados en La Marquesa. O hombres, mujeres y niños en Creel, Chihuahua. O el temor de salir a la calle en Reynosa, Tamaulipas.
3. A diferencia de algunos de ustedes, no he tenido mascotas.
Porque los dos perros, las docenas de gatos, las borregas, cerdos, caballos, gallinas, palomas, conejos, gansos, patos y demás fauna que ha vivido en la casa donde nací, nunca fueron considerados mascotas. Eran parte de mi familia extendida. Seres individuales con los que conversábamos —es posible que ahora me juzgue de loco— y a los que siempre atendimos lo mejor posible.
4. Si creen que critico la causa de los protectores de los animales, se equivocan. El artículo fue una forma de llamar su atención —de picarles la cresta, como dicen en mi pueblo— hacia la causa humana que me parece importante. Y por favor, no digan que esto es antropocentrismo, es preocupación por la sociedad en la que convivimos.
Y al final, creo que eso es lo que a ustedes les preocupa.
Si es así, entonces lo que tenemos es una diferencia de vías, no de propósitos.
Si después de leer esto aún tienen ganas de mandarme a la goma, es que no logré que cambiaran su percepción.
1. En ninguna línea he celebrado la muerte de los citados perros —reto a que me digan dónde—. La he minimizado, sí y eso es por qué:
2.Pienso que la vida de seres humanos que han muerto, asesinados, ejecutados, violentados, masacrados, como producto de la violencia que vivimos en la sociedad, debería preocuparnos tanto o más que las de los perros.
Ese es mi punto: ¿por qué no nos preocupamos más por nuestros semejantes? Ese es mi tema: me parece más preocupante la violencia ejercida por un grupo de adultos contra un par de niños en Tlalpan. Como me preocupa el asesinato de niños en Macuspana, Tabasco. O los albañiles masacrados en La Marquesa. O hombres, mujeres y niños en Creel, Chihuahua. O el temor de salir a la calle en Reynosa, Tamaulipas.
3. A diferencia de algunos de ustedes, no he tenido mascotas.
Porque los dos perros, las docenas de gatos, las borregas, cerdos, caballos, gallinas, palomas, conejos, gansos, patos y demás fauna que ha vivido en la casa donde nací, nunca fueron considerados mascotas. Eran parte de mi familia extendida. Seres individuales con los que conversábamos —es posible que ahora me juzgue de loco— y a los que siempre atendimos lo mejor posible.
4. Si creen que critico la causa de los protectores de los animales, se equivocan. El artículo fue una forma de llamar su atención —de picarles la cresta, como dicen en mi pueblo— hacia la causa humana que me parece importante. Y por favor, no digan que esto es antropocentrismo, es preocupación por la sociedad en la que convivimos.
Y al final, creo que eso es lo que a ustedes les preocupa.
Si es así, entonces lo que tenemos es una diferencia de vías, no de propósitos.
Si después de leer esto aún tienen ganas de mandarme a la goma, es que no logré que cambiaran su percepción.
domingo, 1 de marzo de 2009
Los perros de Jaltenco
Todavía me siguen llegando mensajes de los “defensores de los animales” —particularmente aquellos a quienes no les gusta la fiesta brava— que se sintieron ofendidos por mis opiniones en favor de la tauromaquia. El más reciente, de la señora Fabiola Campos, que ya fue contestado en tiempo y forma.
Y no es por incordiar, pero me seguirán llegando a partir de lo que se leerá a continuación.
Verán, mis estimados cuatro lectores —o los que me queden—: estoy sorprendido por el ámpula que ha despertado la matazón de perros y gatos ocurrida en Jaltenco.
Todavía no sé con absoluta certeza si los muertos fueron tres, como señalan algunas versiones, o docenas de animales, como señalan otras que relatan una verdadera masacre.
Tampoco sé a ciencia cierta si encontraron restos de perros y gatos en el refrigerador —y si así fue, mucho menos por qué—. O si es un infundio y sólo se trata de las mollejas, hígados y demás vísceras con las que se iba a guisar un caldo con menudencias el dueño del departamento donde masacraron a los canes. O si estaba experimentando para tener una comprobación científica de aquella frase que dice: perro no comer perro.
Como sea. Lo que me sorprende es que la gente se indigne de la manera que lo ha hecho por la muerte de unos cuantos perritos.
Y que llamen a manifestaciones, concentraciones o protestas —como les quieran llamar— donde hagan patente su molestia por la matazón de marras.
Supongo que es muy importante que maten a unos perros en Jaltenco. Debe tratarse de un verdadero suceso. Algo como para conmover a la república entera.
Aunque las matazones de seres humanos ocurridas en Creel, Chihuahua; Mérida, Yucatán; La Marquesa, estado de México; Macuspana, Tabasco; y otras que se me olvidan nomás nos vienen valiendo sorbete.
Es más, creo que ya ni nos sorprendería saber que en lo que va del año se han cometido más de un millar de personas ejecutadas, de esas muertes al estilo del crimen organizado.
Esas nos valen un soberano pito. Ni una manifestación ni una mentada de madre —he leído muchas contra las autoridades municipales de Jaltenco en los últimos días—. Y son seres humanos.
Pero no maten a una media docena de perros que el país entero se para de pestañas.
Las de nuestros semejantes no nos conmueven.
Y no me digan que eso es otra cosa. Porque siguiendo la lógica de los defensores de los animales, una vida es una vida.
Y por favor, ni se molesten en mentarme la madre por lo de los perros. Porque desde ahora les digo que estoy curado de espanto.
Y no es por incordiar, pero me seguirán llegando a partir de lo que se leerá a continuación.
Verán, mis estimados cuatro lectores —o los que me queden—: estoy sorprendido por el ámpula que ha despertado la matazón de perros y gatos ocurrida en Jaltenco.
Todavía no sé con absoluta certeza si los muertos fueron tres, como señalan algunas versiones, o docenas de animales, como señalan otras que relatan una verdadera masacre.
Tampoco sé a ciencia cierta si encontraron restos de perros y gatos en el refrigerador —y si así fue, mucho menos por qué—. O si es un infundio y sólo se trata de las mollejas, hígados y demás vísceras con las que se iba a guisar un caldo con menudencias el dueño del departamento donde masacraron a los canes. O si estaba experimentando para tener una comprobación científica de aquella frase que dice: perro no comer perro.
Como sea. Lo que me sorprende es que la gente se indigne de la manera que lo ha hecho por la muerte de unos cuantos perritos.
Y que llamen a manifestaciones, concentraciones o protestas —como les quieran llamar— donde hagan patente su molestia por la matazón de marras.
Supongo que es muy importante que maten a unos perros en Jaltenco. Debe tratarse de un verdadero suceso. Algo como para conmover a la república entera.
Aunque las matazones de seres humanos ocurridas en Creel, Chihuahua; Mérida, Yucatán; La Marquesa, estado de México; Macuspana, Tabasco; y otras que se me olvidan nomás nos vienen valiendo sorbete.
Es más, creo que ya ni nos sorprendería saber que en lo que va del año se han cometido más de un millar de personas ejecutadas, de esas muertes al estilo del crimen organizado.
Esas nos valen un soberano pito. Ni una manifestación ni una mentada de madre —he leído muchas contra las autoridades municipales de Jaltenco en los últimos días—. Y son seres humanos.
Pero no maten a una media docena de perros que el país entero se para de pestañas.
Las de nuestros semejantes no nos conmueven.
Y no me digan que eso es otra cosa. Porque siguiendo la lógica de los defensores de los animales, una vida es una vida.
Y por favor, ni se molesten en mentarme la madre por lo de los perros. Porque desde ahora les digo que estoy curado de espanto.
Las campañas
Seguro que ustedes ya se habrán empapado de las precampañas electorales que tenemos en marcha.
Desde hace semanas los partidos políticos y las autoridades electorales se han encargado de sorrajarnos el hecho de que estamos en pleno periodo electoral.
Los mercadólogos y ciencias afines han agotado hasta la última gota de su ingenio —que se nota que se lo acabaron pronto— para conquistar al electorado, cortejarlo debidamente, llevarlo a las urnas y una vez que se ha consumado el ayuntamiento —en el sentido biológico del término—, mandarlo al carajo.
Es decir, lo de siempre.
Aunque en estas precampañas electorales no ha habido mucho ingenio que digamos.
Por ejemplo: ahí están los del PRD con la niña.
Que no es otra que la misma niña de la campaña y los discursos de 20006 del hoy presidente Felipe Calderón. Y la misma niña que el español Mariano Rajoy, del Partido Popular, llevó de allá para acá el año pasado durante la campaña en la que perdió con Zapatero. La misma niña que disfrazada de adulto promedio se hizo llamar Joe El Fontanero, durante las campañas y debates de John McCain y Barack Obama, hoy primer presidente negro de Estados Unidos.
O los del PAN. Que creen que con machacar sus siglas programan al electorado para que vaya a votar en plan de zombi de Sahuayo, dominado por una inteligencia superior.
¡Panpanpanpanpan!, dice el anuncio donde el panismo se cuelga de los programas gubernamentales y asegura que son fruto de su acción responsable. Es decir, exactamente como lo hacia el tricolor hace algunas décadas, cuando las oposiciones estaban en pañales.
Y los del PRI. Con la campaña de “primero”.
PRImero esto, PRImero aquello. La mismita campaña de cuando salí de la primaria en 1984. Que innovadores. Entonces regalaban utilitarios con la frase PRImero México, mientras los candidatos saludaban en su mítines con un “¡PRImero que nada…!”
Lo puedo jurar solemnemente, porque a la corta edad de 12 años ya me acercaba a los mítines —le pueden preguntar a un tío mío que fue presidente municipal en aquellas épocas— y participaba activamente en las campañas.
Hasta que quedé curado de espanto. Y ahora no me sorprende nada. Ni siquiera que los candidatos sean los mismos cada tres años.
Sólo sugeriría que le agreguen a los spots algo que les dé caché. Un ¡agüegüe! Por decir algo.
Desde hace semanas los partidos políticos y las autoridades electorales se han encargado de sorrajarnos el hecho de que estamos en pleno periodo electoral.
Los mercadólogos y ciencias afines han agotado hasta la última gota de su ingenio —que se nota que se lo acabaron pronto— para conquistar al electorado, cortejarlo debidamente, llevarlo a las urnas y una vez que se ha consumado el ayuntamiento —en el sentido biológico del término—, mandarlo al carajo.
Es decir, lo de siempre.
Aunque en estas precampañas electorales no ha habido mucho ingenio que digamos.
Por ejemplo: ahí están los del PRD con la niña.
Que no es otra que la misma niña de la campaña y los discursos de 20006 del hoy presidente Felipe Calderón. Y la misma niña que el español Mariano Rajoy, del Partido Popular, llevó de allá para acá el año pasado durante la campaña en la que perdió con Zapatero. La misma niña que disfrazada de adulto promedio se hizo llamar Joe El Fontanero, durante las campañas y debates de John McCain y Barack Obama, hoy primer presidente negro de Estados Unidos.
O los del PAN. Que creen que con machacar sus siglas programan al electorado para que vaya a votar en plan de zombi de Sahuayo, dominado por una inteligencia superior.
¡Panpanpanpanpan!, dice el anuncio donde el panismo se cuelga de los programas gubernamentales y asegura que son fruto de su acción responsable. Es decir, exactamente como lo hacia el tricolor hace algunas décadas, cuando las oposiciones estaban en pañales.
Y los del PRI. Con la campaña de “primero”.
PRImero esto, PRImero aquello. La mismita campaña de cuando salí de la primaria en 1984. Que innovadores. Entonces regalaban utilitarios con la frase PRImero México, mientras los candidatos saludaban en su mítines con un “¡PRImero que nada…!”
Lo puedo jurar solemnemente, porque a la corta edad de 12 años ya me acercaba a los mítines —le pueden preguntar a un tío mío que fue presidente municipal en aquellas épocas— y participaba activamente en las campañas.
Hasta que quedé curado de espanto. Y ahora no me sorprende nada. Ni siquiera que los candidatos sean los mismos cada tres años.
Sólo sugeriría que le agreguen a los spots algo que les dé caché. Un ¡agüegüe! Por decir algo.
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