lunes, 21 de septiembre de 2009

Florido léxico

Hace siglos que no iba al futbol.
La última vez algún incauto me regaló unos boletos para palcos para una semifinal contra las Chivas y por allí me apersoné. Pero por lo visto el público de palcos en aquella ocasión eran unos gélidos tolucos que se hacen la señal de la cruz con cualquier mala palabra —de esos de traé y caé—, que a la tercer mentada al árbitro hicieron la petición abierta de que me fuera a la tribuna de sol… aunque el cobarde en turno tiró la piedra y escondió la mano. Me quedé y guardé silencio.
Desde entonces supongo que la zona de palcos de La Bombonera es para rezar un rosario a San Nemesio, mientras se guarda un sepulcral silencio. Y que en las botellas de cerveza en realidad se expende coñac, güisqui con soda y licores de Tenancingo.
No había regresado al estadio del Toluca. Entre otras cosas porque no soy muy futbolero. Pero ayer, motivado por la familia, nos dejamos caer por La Bombonera. Toluca le ganó al Atlas dos a cero y yo salí contento. Le grité a Novaretti que es un tronco y a Miguel Zepeda que ya está viejo. Desde luego, le dediqué un sonoro recordatorio familiar al árbitro cuando en lugar de marcar penalti amonestó a Néstor Calderón. Y me prodigué en elogios al portero Talavera por un paradón a un tiro atlista.
No faltó la recatada familia toluqueña que me vio con cara de a este qué le pasa.
Pero aún en sol preferente nadie me mandó directo al averno. Es decir, a las porras de sol. O al futbol de llano. Que dado mi florido léxico parece que es donde me corresponde.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Sordo

Me estoy quedando sordo.
Cada vez escucho menos y hay ocasiones en que no escucho nada. Lo que se dice nada.
Y no hablo de aquellos momentos en que los seres humanos nos ensimismamos en alguna actividad y no nos damos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor —me pasa cuando leo algo interesante—. Tampoco me refiero al hecho de que los seres humanos escuchamos cada vez menos y nos limitamos a oír a nuestros semejantes. Y desde luego que no quiero decir que ni veo ni oigo a nuestros políticos, con todo y sus trapacerías.
Lo que digo es que cada vez oigo menos. O oigo, pero las voces se transforman en ruidos incomprensibles. Vocales y consonantes desarticuladas.
Pronto me veo con un aparato —o dos— en la oreja para evitar que la gente me repita las cosas o para evitar acercarme a mis contertulios para escuchar mejor lo que dicen. O para escuchar. Por fortuna esos aparatitos los hacen cada vez más chiquitos y a veces ni se notan, no como las trompetillas que se usaban hace un siglo.
Y no culpo a la tecnología, porque no ando por la vida con un reproductor mp3 pegado a las orejas. Tampoco escucho música a 150 decibelios en unas bocinas así de grandotas. Puede ser que el ruido ambiental —el tráfico puede alcanzar 80 decibelios, cuando el límite tolerable es de 60— tenga algo que ver, pero tampoco lo podría asegurar.
Lo cierto es que cada vez oigo menos.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Confío


Si mis cuatro lectores creen que hoy mencionaré algo a propósito del cuarto informe de gobierno, espero no decepcionarlos pero…
Pero la verdad es que me quedé anonanado con el escenario que crearon en el Teatro Morelos. Y cuando me repuse, ya estaba en gayola cuando el gobernador estaba agradeciendo y aplaudiendo al Ejército mexicano. Que fue cuando comenzaron a llegar unos cuates a sentarse en las butacas que se habían quedado vacías y una edecán hacía señas de cuántos asientos desocupados quedaban.
De hecho, hubo tres detalles que me llamaron la atención:
A. Suponía que el informe iba a estar a reventar de personajes de resonancia nacional… y así fue, un montón de políticos, empresarios y líderes sociales que querían escuchar al político que encabeza las preferencias sociales rumbo a las elecciones presidenciales del 2012. B. Tenía el presentimiento de que nadie iba a desdeñar la invitación. Y sin embargo, aquí y allá, como lunares o manchas —según el tamaño— algunos espacios se quedaron sin sus ocupantes. Incluyendo algunos de la zona del primer mundo nacional.
Y C. La parte final del discurso del gobernador Enrique Peña no fue el planteamiento de un proyecto de estado o de país. Fue la exposición de un “esto he hecho, esto es lo que sé hacer”. Es decir, aquí estoy y examinen mis capacidades.
Confío, dijo una media docena de veces. Es decir, creo… Es decir, tengo fe.
Con lo que eso hace falta hoy.

martes, 1 de septiembre de 2009

El informe


Cuando yo era chamaco, soplarse el informe presidencial era una obligación.
Así que me sentaba enfrente de la televisión en blanco y negro desde las nueve de la mañana, para escuchar los sesudos comentarios de los conductores, fletarme con la postura de los partidos políticos y disfrutar la lluvia de papel picado tricolor, mientras el presidente con la banda en el pecho transitaba por la ciudad de México en un coche descubierto, saludando a diestra y siniestra, mientras unos guaruras corrían y corrían dejando el bofe al lado del automóvil.
Juro que sentía una emoción en el pecho indescifrable. Y cuando el presidente en turno comenzaba la maratónica lectura del informe, yo ya había chillado con el Himno Nacional y los honores correspondientes.
Tuvieron que pasar sus buenos años para que el primero de septiembre dejara de ser el día del presidente y yo dejara de berrear al sonoro rugir del cañón. Lo supe cuando una tarde en lugar de coche descubierto apareció un autobús con Zedillo encima.
La magia se había terminado.
Y ahora es peor, porque ni a informe llegamos.
Eso sí, una tarde de estas sonó mi teléfono y una voz engolada me hizo el favor de decirme cuánto hemos avanzado en lo que va del sexenio de Calderón. Juro que me guardé una sonora mentada para la grabación, de la que no recuerdo ni una palabra. Agradezco muy cumplidamente el gesto, que me ha servido para un carajo, pero, nostálgico como soy, a mí me gustaba el papel picado y aquello de “Honorable Congreso de la Unión…”

miércoles, 26 de agosto de 2009

Pelele

La primera vez que leí esta palabrita dominguera —pelele— era un mozalbete imberbe que gustaba de la revista Contenido. La recuerdo perfectamente porque no entendí lo que significaba y porque era una portada en color verde bandera con una carota delineada en negro de Emilio Portes Gil. Y decía: “Yo nunca fui un pelele de Calles”.
No entraré en detalles, pero la palabra pelele regresó a mi vida cuando Andrés Manuel López Obrador, alias El Peje, tuvo a bien endilgarsela al actual presidente Felipe Calderón. Y vino de rebote.
Con un fulano que se hace llamar Juanito. Pero que se llama Rafael Acosta Martínez. Y que en realidad me viene valiendo un soberano pito.
Pero que últimamente es noticia porque ganó la elección de delegado de Iztapalapa pero prometió cedérsela a una señora que llama Clara Brugada, cuyo marido y cuñado ya fueron delegados en esa misma demarcación. Es decir, se comprometió a ser el pelele de la señora Brugada y del mismísimo Peje.
Pero tal parece que Juanito —o como se llame— ya les salió respondón. O por lo menos anda buscando como negociar ser un pelele, pero con dignidá. Si es que tal cosa es posible.
Así que lo más seguro es que Juanito pase a la historia como un señor que se ponía cintitas tricolores en la cabeza y al que mangoneó López Obrador, que no deja de darse sus baños de pureza. El experto en ver la paja en el ojo ajeno y sin sentir la viga en el propio.

martes, 25 de agosto de 2009

Equus asinus

Ya tenía ciertas sospechas de que algunos de los profesores pasaron de noche la Normal o lo que corresponda.
Pero cuando se dieron a conocer los resultados del examen nacional de conocimientos y habilidades docentes de la SEP lo confirmé:
75 por ciento de los aspirantes a maestros frente a grupo tronó como ejote el mentado examen que solamente tenía 80 preguntas. Tres de cada cuatro aspirantes a maestros no respondieron correctamente ni 42 preguntas.
Si nos atenemos al porcentaje, esto puede significar que el profesorado del país que enseña en las aulas tiene muy bajo nivel. No me atrevo a asegurar que puedan reconocer a la o por lo redondo. O que sepan hacer, sin ayuda de una calculadora, operaciones de más de tres cifras. O que lean de corrido un texto de una cuartilla. Y mucho menos que comprendan un libro de 200 páginas.
Puedo asegurar que muchos de nuestros maestros ignoran las reglas elementales de la ortografía y que no reconoce una palabra grave cuando la tienen enfrente.
Pero, ¿quiénes son los responsables de tales pobrezas intelectuales? ¿Otros, maestros?, ¿las autoridades?, ¿los sindicatos?, ¿la sociedad?, ¿todos?
No lo sé.
La única certeza que tengo es que hay una gran cantidad de ejemplares de Equus asinus entre nuestros docentes. No agraviando lo presente.

lunes, 24 de agosto de 2009

Ojalá hubiera sido un compromiso

Me encontraba reflexionado sobre la política exterior de las islas Aleutianas, que tanto dan de qué hablar en los últimos tiempos, cuando fui interrumpido por un charco así de gordo.
Iba llegando antenoche a Toluca y, de manera inusual, decidí irme por la avenida Alfredo del Mazo, así que tenía que conducir por el carril izquierdo de la prolongación Isidro Fabela para encaramarme en el puente que atraviesa esa calle y conduce a la mencionada Del Mazo.
Estaba lloviendo, de modo que los limpiabrisas estaban funcionando pero resultaron insuficientes para el volúmen de agua que cayó una vez, otra vez y una tercera. Tres charcotes, supuse, unos metros antes de subir al mentado puente. Por fortuna, yo sabía cuál es el trazo de la vialidad. Pero no quiero imaginarme qué le podría haber pasado a un ingenuo visitante que creyendo que al llegar a la capital del estado más importante del país iba a encontrar vialidades de primer mundo.
Supongo que lo menos que hubiera pasado es que hubiera frenado y patinado, con el consecuente susto. En el peor de los casos, tal vez hubiera chocado.
El asunto es que además de los charcos no hay suficiente iluminación. Así que sin ir a ciegas por completo, el acceso de Atlacomulco a Toluca en medio de un aguacero es lo más parecido a una trampa. Ignoro qué oficina sea la responsable de esa vialidad. Pero quién sea tiene que hacer algo. Nomás por dignidá.
Lástima que no fue un compromiso.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Los dueños de las aceras

El otro día estaba muy orondo buscando donde estacionarme en una de las colonias aledañas al centro de Toluca. Donde ya no es tan fácil encontrar espacio de estacionamiento. De tramo en tramo había algun espacio, pero se trataba de algún portón o, en su defecto, de un par de huacales, unas sillas o hasta un anuncio de no estacionarse perfectamente adosado a un poste sobre la base de un rin de llanta o algún otro aditamento.
El fenómeno no es exclusivo del centro de Toluca y sus colonias periféricas. Cada vez es más frecuente encontrar a los que se sienten dueños de la vía pública que está enfrente de su casa o negocio. Los que creen que nadie debe estacionarse enfrente de su domicilio —y no me refiero a la puerta de su cochera, porque eso me parece lógico—.
Aunque esas prácticas están prohibidas, nunca falta el que quiere a toda costa apartar un lugar de estacionamiento o de plano impedir a toda costa que alguien tape la hermosa fachada estilo neoclásico bucólico postmodernista de sus elegantes domicilios. O sus sofisticados aparadores de Productos Pimienta.
Esos los díscolos incivilizados que se sienten dueños de las aceras deberían ser llevados al cadalso. Con todo y sus botes, huacales, sillas y demás aditamentos. Sin dejar de mencionar su buen humor y gentileza.

martes, 11 de agosto de 2009

El atentado


A estas alturas del partido, ya no sé en qué creer.
Un sicario, operador financiero y expolicía ministerial, tenía un plan para asesinar al presidente Felipe Calderón.
La detención y el anuncio se hacen en medio de la reunión cumbre de líderes de América del norte. Y se asegura que la razón del plan para atentar contra el presidente es su “guerra declarada en contra del crimen organizado” además de que se le incautó dinero al cártel del Pacífico —que es otra forma de llamar al cártel de Sinaloa o del Chapo Guzmán—.
Y la verdá es que aunque se trata de la primera vez que se revela un plan del crimen organizado para atentar contra el presidente, no sé si tal cosa puede ser verdad.
Como dicen en mi pueblo: la burra no era arisca… Lo que sucede es que a lo largo de muchas décadas las autoridades han detenido a docenas de capos, jefes de jefes, líderes de organizaciones, brazos derechos, principales operadores, cerebros financieros… y un mundo de sicarios, pero el narcotráfico —esa hidra de mil cabezas [la original tenía siete]— sigue tan campante.
Por eso cada que detienen a uno de tantos capos, aparecen mis dudas. Igual que ahora. ¿Será verdad lo del plan para asesinar a Calderón? O es como el caso de todos aquellos jefes que terminan por ser un engrane más en una nociva maquinaria que nadie ha podido descarrilar.

lunes, 10 de agosto de 2009

La expectación

A propósito de la expectativa generada por la llegada de María Elena Barrera Tapia a la presidencia municipal de Toluca, me escribe don José Luis Estrada.
“La gente optó por la opción creo que menos mala pero muy riesgosa, la señora Barrera, persona que carece de experiencia, perfil, preparación, toma de decisiones, capacidad, etcétera, para poder gobernar la capital del estado de México, que si bien es probable tenga las mejores intenciones, va a necesitar de un ejército de asesores para sacar adelante al gobierno municipal, por consecuencia la señora va a estar de adorno porque el gobierno no lo ejercerá ella al carecer de los mínimos conocimientos para ello, sino de las gentes más allegadas, sus asesores y los funcionarios que provengan del ejecutivo estatal, por lo que las expectativas respecto a su gobierno si bien son lógicas dados los últimos tres años de gobiernos municipales en Toluca, o quizá un poco más de tiempo, son lógicas y fundadas, la respuesta real por capacidad del gobernante electo no va a poder responder a esto, si además le agregamos que el gobierno municipal de Juan Rodolfo Sánchez no tiene capacidad económica, cuestión que va a heredar a la siguiente administración, es de concluirse que no van a darse cambios ni profundos, ni radicales ni en función mínima a lo esperado por la gente”.
“La gente decidió así, pero la decepción va a llegar muy pronto es lógico, los elementos que se tienen así lo concluyen, aunque por otra parte, es de meditarse: ¿por quién pudiera haberse votado entonces?, pobres de los ciudadanos que cada vez tenemos una inferior calidad de candidatos, de políticos, de líderes capaces, con convicción y vocación de servicio, no de beneficio propio y personal”.
Aunque don José Luis tiene razón por lo que hace a la escasa oferta política en las últimas elecciones, esperemos, por el bien de Toluca, que en su pronóstico para el gobierno municipal de María Elena Barrera, se equivoque.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Zacango

El Zoológico Zacango tiene muchas historias que contar. Casi todos los que hemos visitado ese parque guardamos alguna experiencia, un recuerdo o una emoción.
Pero también están las historias vergonzosas. Las que ningún directivo o funcionario quisieran que se recordaran.
Claro, ahí está el reciente robo de dos águilas reales. Cómo, quién y porqué son todavía preguntas sin respuesta satisfactoria. Por lo que sabemos, nadie vio nada, nadie sabe nada. Las águilas reales desaparecieron como por arte de magia. Ahora deben estar en algún zoológico particular… o en la casa de alguien… o sabrá Dios dónde.
Es escandaloso que ocurra algo así. Porque entonces quién sabe cuándo se robarán un antílope, un coatí o exageradamente un elefante —a estas alturas todo es posible—.
Zacango volvió a la saltar a la fama nacional.
Otra vez por un hecho bochornoso. Como aquel de la década de los noventas, cuando un funcionario estatal se aventuró a Estados Unidos para adquirir un gorila. Y resultó que el gorila aquel que se iba a traer a México era un agente estadunidense encubierto, lo que le valió al Zoológico Zacango una penosa aparición por el mundo mundial y al funcionarios unos meses de cárcel de primer mundo.
Pero el caso reciente pone de manifiesto el estado de abandono y descuido en el que están los parques estatales. Zacango es, tal vez, el mejor conservado. Pero ahí en el aviario ya no es posible atravesar por el puente colgante, por ejemplo. Y hace unos meses algunas bardas de la antigua hacienda se vinieron abajo.
Y de otros parques mejor no hablar.

jueves, 30 de julio de 2009

Cuchicuchesca


Ya no se insulta como antes. En mi niñez alguien te decía “güey” y te le ibas encima a los trancazos. Pero hoy decir “güey” es casi una caricia. Y ni hablar de las mentadas de madre: ahí te batías a muerte. Antes los albures eran un juego de inteligencia; y si te albureaban, era una afrenta a la virilidad. Hoy, te alburean y nadie se da por ofendido.
Hoy el albur es incluso un recurso de comicidad. Los dizque cómicos de la actualidad centran su gracia en decir albures y frases en doble sentido. Expresiones burdas y toscas que no requieren ingenio.
Por eso los cómicos de ahora no le llegan ni a los tobillos a personajes como Beto El Boticario, Roberto Ramírez Garza, que murió el martes.
No voy a decir que con él muere una generación de cómicos. Pero sí que muere una clase de comicidad de clase y de calidad. A mí me hizo reír a carcajadas una y otra vez con sus trucos fallidos, su magia simplona y sus chistes a costa de los conductores de La Carabina de Ambrosio. No es exagerado decir que incorporó al lenguaje del mexicano común y corriente expresiones como chingüengüenchón —nótense las diéresis, que son esos puntitos arriba de la u—, cuchicuchesco y ya vas que chutas. No en balde, 20 años después de que no aparecer en televisión con ese personaje, medio mundo recuerda que era un magazo —como él se definía—.
Descanse en paz Beto El Boticúa.

lunes, 27 de julio de 2009

El año de Hidalgo

Ya no se cita mucho lo del año de Hidalgo, pero en la práctica sigue ocurriendo en las administraciones municipales. Y ya saben: año de Hidalgo, chingue su madre el que deje algo. Así es como terminan muchos gobiernos municipales, a tres semanas de dejan el poder.
Pero lo que antes hacían presidentes municipales y regidores con cierta dosis de clandestinidad, los actuales lo quieren disfrazar de bonos, ahorros y hasta de indemnizaciones. Como si de empleados de algún tipo se tratara.
Un caso: el de Naucalpan, donde el dos veces alcalde José Luis Durán Reveles dice que no habrá bono… pero sí lo según él les toca por ley: tres meses y 20 días por año trabajado.
Mentira. No les toca nadie. Esa indemnización la ley laboral la destina a quienes son despedidos injustificadamente de su trabajo. Y por ningún lado que se le vea, ni un alcalde ni un síndico o regidor son trabajadores comunes y corrientes… vaya: ni siquiera son trabajadores: se trata de funcionarios de elección popular.
Por lo tanto, entre ellos y un gobierno no existe una relación de trabajo. En los ayuntamientos, ellos son el ayuntamiento —que cualquiera sabe que se compone de presidente municipal, sínidicos y regidores—. Y al no haber una relación laboral, no existe despido injudtificado ni nada parecido: un trienio termina un día determinado, por lo que no termina ningún contrato ni nada que se le parezca.
De modo que pretender una indemnización es, primero, ilegal, y segundo, inmoral.
Pero ya no sorprende la inmoralidad de algunos.

jueves, 23 de julio de 2009

Agua

Mi pueblo está en la zona del alto Lerma.
De ahí se han llevado el agua al Distrito Federal durante los últimos 50 años.
A cambio nos hicieron una carretera —que conecta todos sus pozos—.
Pero desecaron nuestros manatiales. Teníamos varios. Uno de ellos se llamaba Agua azul. Otro El Chorrito. Y uno más, Las Fuentes. Uno por uno se han ido muriendo. Nos quedan Las Fuentes, aunque es visible cómo con el paso de los años su nivel ha ido descendiendo irremediablemente.
En medio siglo nadie se preocupó —ni se ha preocupado— por hacer de la explotación del agua un programa sustentable. Ni en el alto Lerma ni en Chiconautla ni el Cutzamala. Se fue agotando y contaminando. La demanda supera hoy la oferta. Y pronto no habrá de dónde llevar agua a las ciudades.
Así que nos tendremos que ir acostumbrando al racionamiento. Sobre todo en las urbes, porque en mi pueblo el agua se surte unos horas, unos días sí y otros no. Pero en donde la gente se acostumbra a abrir el grifo y que salga agua, quién sabe cómo harán frente al desabasto.
En este escenario nadie puede descartar que la ficción de la guerra por el agua se haga realidad. Un Mad Max, pero luchando por agua ya no es descabellado.
Y sin embargo, las autoridades dejan que el agua se desperdicie impunemente: en Toluca se pierde la tercera parte del agua en fugas. En el Distrito Federal la proporción sube hasta el 45 por ciento.
¿Esa agua sería suficiente para evitar los actuales cortes al suministro? Yo creo que sí. Como tengo certeza de la ineptitud de quienes deberían remediar el problema.

miércoles, 22 de julio de 2009

Cobradores

Un alma caritativa me hizo el favor de enviarme un audio-video muy ilustrativo acerca del finísimo trato que reciben los deudores de la banca y de algunos establecimientos comerciales que expiden sus propias tarjetas de crédito.
Si antes tenía una opinión adversa acerca de los abogados dedicados a la cobranza, hoy les tengo levantado un altar… sin llegar a decidirme sobre la posibilidad de hacer una colecta nacional de llaves para erigirles una monumento, vía una organización no gubernamental que podría denominarse Organización por los Juristas Entregados al Término de los Empréstitos —cuyas siglas todavía no tengo claras—.
Es que de verdad que son un milagro. Particularmente uno que responde al nombre de licenciado Luis García —hay gente que no vive sin su licenciado, ingeniero, doctor o lo que a su derecho convenga— que es el protagonista del archivo multimedia que testimonia una especie de acoso a una deudora de una casa comercial. El sujeto es tan diplomático, que nomás falta que salgan sapos y culebras por el archivo de audio y video. Claro, uno entiende que así son algunos trabajos. Y que hay gente que por su lenguaje y comportamiento al teléfono está predestinado para cuico o para cobrador legal o para ingeniero de la Nasa.
Pero también he descubierto que hay gente que respira, come, obra, duerme, cobra por teléfono y cumple otras funciones vitales con apenas un par de neuronas.
Y eso es motivo suficiente para dar gracias al altísimo por preservar este tipo de vida elemental.

lunes, 20 de julio de 2009

Soñe con Rocío Dúrcal

En una sentada leí Soñe con Rocío Durcal, la más reciente novela de Fedro Carlos Guillén, a quien no tengo el gusto de conocer, pero he leído desde hace años, particularmente cuando sus artículos aparecían en El Financiero, donde siempre me pareció fenomenal.
Luego supe que se convirtió en funcionario público —con todo y su doctorado en Ciencias— y le perdí la pista.
Pero como andaba buscando algo que leer, me metí al Sanborn’s de Paseo Colón —me hubiera gustado ir a Gandhi, pero ir a Metepec suele ser una tortura semejante a la quemazón de patas que el insigne imperio español le atizó al último emperador azteca—. Ahí me encontré con el libro de marras. Y sin pensarlo demasiado, lo compre —debo aclarar que adquirí otro, por si me resultaba infumable—.
Y es una de las mejores adquisiciones literarias que he hecho en tiempos recientes.
No tiene las pretensiones mamertas de algunos literatos consagrados —o que sienten serlo— ni será la iobra que cambie la historia de la literatura universal, pero la historia escrita por Fedro Carlos Guillén está a todo dar.
Su lenguaje es sencillísimo y la trama, aunque salta de cuando en cuando para mantener la atención del lector, no es ni pretenciosa ni nada que se parezca.
En pocas palabras: la novela está bien chida.
Por cierto: la Dúrcal ni aparece.

jueves, 16 de julio de 2009

Despojos


Ahora mismo se frotan las manos. En unos días se convertirán en autoridades municipales con muy altas expectativas y con un montón de promesas en ristre.
Pero pronto se darán cuenta de que lo que reciben se encuentra reducido a escombros. Con medio año por delante y más compromisos de los que pueden cumplir —muchos más de los que se atrevieron a firmar—.
Porque los que se van, como es costumbre, se llevarán hasta los focos —y los clips, naturalmente—.
Y no tanto porque se los lleven físicamente, sino porque con el estúpido argumento de que tienen que ser indemnizados porque terminan su administración —ni que fuera una empresa privada—, se asignan bonos de cientos de miles de pesos, que sumados a los bonos previos, salarios y otros rasguños al erario municipal, se convierten en millones que garantizan que durante unos años los ediles de todos los colores no se preocupen por trabajar.
Como ejemplo ahí están los panistas de Cuautitlán Izcalli que ya negocian un bono de 900 mil pesos —para que nadie diga que fue un millón—, que parecen estar empeñados en no dejarle ni un alfiler a la priista Alejandra del Moral —de por sí entre Julián Angulo, Alfredo Durán y David Ulises Guzmán le heredarán una deuda multimillonaria—.
Pero no son los únicos. En la Tesorería los nuevos gobiernos encontrarán muchas facturas por pagar y unos cuantos centavitos. Así que ¡agárrense! que si encuentran algo en pie, ya es ganancia.

martes, 14 de julio de 2009

¿Ni ven ni oyen?

Imbuido en el clima social de desequilibrios entre los grupos al margen de la ley y las autoridades legalmente constituidas —léase al borde del terror por la inseguridad galopante—, que le ha tocado vivir a esta sociedad contemporánea, a medio mundo le veo cara de sospechoso y el otro medio mundo me ve cara de pájaro de cuenta.
No los culpo. Yo hago exactamente lo mismo: les veo cara de pillos —y perdonen la acotación, pero no me refiero a los políticos sino a la gente común con la que me cruzo en la calle—. Están plenamente correspondidos.
Y no es para menos, si vivimos en una especie de sicosis.
Naturalmente, me refiero a nosotros, los ciudadanos de a pie. Porque hay otro grupo de ciudadanos a los que parece que el clima de violencia e inseguridad les hace lo que el viento a Juárez.
Por ejemplo: no sé cómo le hacen los policías para no darse cuenta de la enorme cantidad de autos con vidrios polarizados que circulan por las calles. Es una falta administrativa, lo sé. Pero la permisividad en esta clase de faltas trae consigo males mayores. Tampoco logro comprender como se hacen los desentendidos con los automóviles sin placas. Y desde luego que menos ven los autos abandonados —hasta que algún olor fétido delata la existencia de un delito personal—.
Pero el fin de semana he comprendido una parte del asunto: ni ven ni oyen. De otro modo no se explica que una oleada de ataques como los del fin de semana se hayan saldado con cinco muertos y 18 heridos, todos del lado policial y militar.

lunes, 13 de julio de 2009

De Italia para México

En Italia se ha formado un escándalo de esos de muy padre y señor mío. El señor Silvio Berlusconi, que trabaja de presidente del gobierno y de magnate de la televisión, ha sido cuestionado por una ley que impide que lo juzguen por cualquier delito y por montar unas orgifiestas a cargo del erario público, además de llevar una vida personal ligeramente disoluta.
Se los digo como antecedente de lo que viene a continuación. Algo a propósito de un artículo del escritor Umberto Eco publicado en la revista L’Espresso. Eco dice que el problema de Italia no es el presidente Berlusconi, sino una sociedad italiana “enferma” que le permite acumular poder.
Traspolado a estos lares, podría decir que el problema de México no es el presidente Calderón —o el partido fulano o el gobernador zutano o el sistema perengano—, sino una sociedad mexicana enferma que permite que el poder se use al antojo de todos los mencionados.
Ahí está el ejemplo de las guarderías subrogadas del Seguro Social, donde un puñado de familiares, amigos y conocidos han obtenido por “adjudicación directa” un negociote.
Pero ejemplos de los usos y abusos del poder sobran.
Algo dice Umberto Eco que no tiene desperdicio para el caso de México: “La historia es rica en hombres aventureros, no faltos de carisma, con escaso sentido del Estado pero con un sentido altísimo de sus propios intereses, que deseaban instaurar un poder personal, pasando por encima de parlamentos, magistraturas y constituciones, distribuyendo favores entre sus cortesanos y (en ocasiones) entre sus cortesanas”.

jueves, 9 de julio de 2009

¿Demócratas?

Si le preguntáramos a cualquier político si en la democracia se gana y se pierde con un solo voto, con absoluto cinismo respondería que sí.
Pero cuando un solo voto —o muchos más— derrota a cualquier político, entonces ese concepto de democracia desaparece.
Muy pocos políticos tiene la entereza de aceptar que perdieron una elección. La mayoría, con quién sabe qué humos en la cabeza, le busca tres pies al gato para eludir el reconocimiento de la derrota.
Lo que habla de lo que son como personas. De sus codiciosas ambiciones personales. De la falta de respeto hacia la voluntad ciudadana expresada en las urnas. De su obsesión por el poder.
Desde luego, culpan a cualquiera —como en Toluca, donde los panistas le echan la culpa al alcalde Juan Rodolfo Sánchez, pese a sus ahora evidentes errores de campaña—, buscan conjuras, alegan fraudes y se desgarran las vestiduras.
Ellos, a quienes su entorno cercano trataba como dioses, se ven a sí mismos derrotados y se niegan a creerlo. ¿Cómo, si lo que escuchaban eran diatribas contra sus adversarios?
La única explicación que encuentran es que haya trampa de por medio.
Pero no la encuentran. Y guardan silencio, no dan la cara, rumiando amargamente la derrota.
Porque, como dicen en mi pueblo, para admitir una derrota se necesitan muchos güevos.